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Una de las partidas que más dolores de cabeza ha causado en los últimos años es el crédito mercantil, pues es un verdadero dilema
desde que nace hasta que muere, desde su determinación inicial, como la evaluación de su deterioro a lo largo de su vida, pues ambos
requieren de mucho juicio para su correcto reconocimiento.

Cuando se adquiere el problema para determinarlo parecería fácil, pues se puede asumir que es la diferencia entre lo pagado y el valor de los activos tangibles netos adquiridos a su valor razonable.

Sin embargo, no es tan fácil, pues determinarlo por una simple diferencia podría hacer que queden dentro del crédito mercantil varios intangibles adquiridos, como marcas comerciales que pueden ser muy valiosas, gastos de investigación y desarrollo, valor de una fuerza laboral muy especializada y otros activos intangibles. Separar estos activos es importante, pues algunos de ellos tienen una vida útil definible, como los gastos de investigación y desarrollo o la fuerza laboral especializada y deberán amortizarse en el término de la misma. Muchos se oponen a la separación, pues opinan que cualquier valor que se asigne sería arbitrario, aun cuando haya expertos en valuación muy reconocidos.

De no separar estos activos intangibles no se sabría por qué se hizo un pago superior al valor razonable de los activos tangibles netos en la fecha de compra y no se podrá evaluar si los activos adquiridos serán capaces de generar utilidades en el futuro, sobre todo si, junto con los activos que ya tiene la entidad adquirente, generarán sinergias que produzcan utilidades más elevadas que aquéllas generadas independientemente por los activos de las dos entidades.

Durante muchos años, el crédito mercantil se amortizó en una vida útil económica arbitraria, que iba de 20 a 40 años según las normas aplicadas. Sin embargo, se adujo que el crédito mercantil no debía amortizarse, pues seguía, salvo prueba en contrario, teniendo valor para producir utilidades.

Para ello, se desarrolló el concepto de deterioro para determinar si el crédito mercantil había perdido su capacidad de general utilidades y por lo tanto era un activo que se había agotado. Este supuesto es adecuado, pero el problema es cómo determinar cuándo se agota la capacidad de un activo para producir utilidades. Esto puede suceder por muchos motivos, como, por ejemplo, cuando una entidad adquirida fabrica productos que están siendo o serán desplazados por otros nuevos.

Una forma de determinar el deterioro del crédito mercantil es mediante el valor de recuperación de la unidad generadora de efectivo (UGE) en que esté alojado, o sea el valor de uso de los activos netos de la misma. Sin embargo, no se determina directamente el valor de uso del crédito mercantil, sino de todos los activos de la UGE lo cual puede ocultar el deterioro del crédito mercantil o de otros activos intangibles adquiridos.

El IASB está evaluando el método del excedente de valor de uso sobre valor en libros. Este se determina a la fecha de adquisición de una entidad y se analiza en los periodos posteriores si este excedente se sostiene. Si se observa una disminución en el mismo, existiría un indicio de deterioro y habría que hacer más pruebas para determinar por qué ha disminuido, si la capacidad de generar utilidades del crédito mercantil se ha deteriorado y si procede reconocer un deterioro del crédito mercantil.

Sin embargo no es tan fácil hacer una prueba del excedente, pues es probable que los activos netos del negocio adquirido se hayan repartido entre diversas UGE dentro de la entidad adquirente y por lo tanto se cuestiona dónde quedó el crédito mercantil. Cualquier asignación que se haga del mismo, desde la fecha de compra, sería arbitraria. Por lo tanto aun esta metodología está siendo cuestionada.

Una de las soluciones propuestas es la de tener una mejor revelación, primero de las razones por las cuales se hace un pago adicional por los activos intangibles y después si los resultados del negocio adquirido van en línea con los supuestos de desempeño futuro que se elaboraron a la fecha de adquisición.

El cuestionamiento ha llegado a tal grado, que algunos proponen que el crédito mercantil y otros activos intangibles adquiridos se amorticen, ya que producirán utilidades adicionales y debe reconocerse el costo correspondiente. El problema, además de separar el valor de los distintos activos intangibles adquiridos, es determinar el plazo y patrón en que serán productivos. Quienes defienden esta posición aducen que cuando se hace una adquisición, el adquirente ha evaluado estos factores para tomar la decisión, por lo cual se conocen y hay una base firme para determinar el plazo y el patrón de amortización. En una de las últimas juntas del Consejo del IASB la mitad más uno de los consejeros indicaron que se inclinan por la amortización.

Como se puede observar, va a seguir corriendo tinta sobre este tema en el futuro.

Fuente: Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera, Noviembre del 2018

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